Aceite de Oliva, macerados botánicos

La palabra aceite tiene su raíz en el árabe az-zait, que significa "jugo de aceituna". Esto nos da una idea de la riquísima historia que une a humanos y olivos. El origen de esa historia es quizás el origen mismo de la agricultura, allá en la región de nombre tan bonito: "la media luna fértil" hace ya algunos milenios.

Hemos recorrido historia desde entonces para saber que el clima determina mucho de la naturaleza de un aceite. Mientras más nos alejamos del ecuador de la Tierra, las estaciones son más diferenciadas. Más calor en el verano más frío en el invierno; días que se alargan y noches más cortas, que después cambian nuevamente.

A diferencia de las regiones tropicales (las de la franja ecuatorial), en donde las plantas en general producen más bien lo que llamamos “mantecas”, en las regiones templadas del mundo las plantas producen aceites más “activos”. Esto es porque la inteligencia de la planta sabe que no puede permitir que el frío solidifique sus grasas pues su energía reproductiva entraría en dormancia (quedaría suspendida), y por eso desarrollan una ligera carga eléctrica. Son como suaves "imanes líquidos".

El mundo de los aceites fijos es increíblemente variado para diseñar la base de una fórmula. Para enriquecerlo aún más, existen estos aceites con capacidades “aumentadas” para extraer substancias de otras plantas.

Uno de los mejores para ello es el aceite de oliva por las características activas de su principal ácido graso, el ácido oléico.

Así que es posible potenciar un aceite macerando material vegetal durante un tiempo y aplicando calor suave e indirecto para obtener un “oleato”.

Siempre me asombra la belleza de un oleato de caléndulas sumergidas por varias semanas en aceite de oliva transformar su color verde olivo en un anaranjado luminoso.

En su color se observan, a simple vista, los beneficios de los pétalos de estas flores generosas.

Deja tu comentario

Todos los comentarios son moderados antes de ser publicados