Comino negro

El aceite de comino negro (Nigella sativa) es posiblemente el aceite que más me gusta, y eso para mí es algo difícil de decir, pues las semillas y sus aceites son mi locura.

Después supe que el faraón Tutankamon también lo apreciaba muchísimo, que Cleopatra, reina de reinas lo amaba; habló de él el profeta Isaías, el mismísimo Mahoma, y también Hipócrates, así que sospeché que algo bueno habría de tener además de ese aroma especiado entre pimienta y nuez moscada que siempre me asombra, su color oscuro y especial, y esa capacidad de penetrar con suavidad dejando la piel enriquecida.

Más de 100 compuestos benéficos se han hallado en su perfil bioquímico.

De origen mediterráneo profundo, ha sido presencia continua por milenios en las tradiciones médicas, rituales, de belleza y auto-cuidado.

Omegas 3 y 6, calcio, hierro, cobre, zinc, fósforo, riboflavina, tiamina y carotenos. Son tantos sus beneficios que su reputación está más que merecida.

Y si todo eso no bastara, la belleza de su flor es suficiente para amarlo.

Este precioso aceite está presente en la rica colección de serums y aceites faciales de nuestra marca.

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