De espumas y "green-washing"

I.- De jabones y "green-washing".

Atravieso el pasillo de una tienda de autoservicio en el que se exhiben jabones y geles de baño. Huelo las fragancias que acostumbramos a asociar con la limpieza. Todo se ve así, limpio y perfumado.

Hoy, la tendencia es elegir las marcas que se ven más naturales, pero no acostumbramos a leer las etiquetas. Si prestas algo de atención, la gran mayoría de estas no dirán la palabra "saponificado". Se anuncian como "barras limpiadoras", "face-wash", "body-bars", incluso alguna dirá que no es jabón sino algo mejor. 

Y es verdad que no son jabones. Son detergentes.  Los fabricantes les han removido las bondades que ocurren en el proceso de saponificación, reemplazándolas con agentes limpiadores sintéticos, la mayoría derivados del petróleo. Por eso algunas cuestan apenas una fracción de lo que una barra de verdadero jabón puede valer. 

No solo afectan el delicado equilibrio de nuestra piel. También son nocivas para el agua del planeta, por todo lo que contienen.

La mayoría de las barras producidas industrialmente contienen agentes espumantes sintéticos, colores y fragancias artificiales, y algunas que ofrecen "protección" antibacterial contienen agentes como el triclosán, una sustancia microbicida, es decir, que mata micro-vida sin distinción, alterando el equilibrio de nuestra micro-biota cutánea.
En otras entradas hemos hablado de la importancia del equilibrio bacteriano en nuestra piel.  Es un micro-eco-sistema y como tal, depende de las interacciones equilibradas de bacterias y otros microorganismos que nos habitan.

Nadie discute la necesidad de tener una flora (que es más bien una fauna) bacteriana saludable en el aparato digestivo ¿cierto? ¿por qué habría de ser distinta la importancia de la que existe naturalmente en la piel?

Está comprobada la relación directa entre la microbiota de nuestro mundo interior y la de nuestra superficie externa. 

Piénsate como un planeta habitado, lleno de relaciones, causas y efectos.

Durante la producción industrial de barras de tocador es común remover la glicerina, un super agente humectante, que se produce naturalmente durante la saponificación. La glicerina es una substancia muy redituable que se mercadea en la industria cosmética, pues se utiliza en la fabricación en masa de cremas y lociones humectantes, esas que tu piel va a pedirte con urgencia después de  haberla lavado con la barra detergente que la dejó reseca y sedienta.

Pero, entonces ¿qué es un jabón realmente? Un jabón es una sal, la sal de un ácido graso, y es quizás una de las reacciones químicas conocidas más antiguas, y una de las más bonitas, según yo.

La belleza de la química es su poder transformador: combinas dos substancias muy distintas para crear una reacción entre ellas que las convierte en una substancia enteramente nueva.

En el caso del jabón sólido combinamos distintos aceites y mantecas vegetales (ácidos grasos) con un álcali de sodio. La selección de la parte grasa de esta reacción se diseña de acuerdo a las características de los ácidos grasos que componen los aceites. 

Esas características determinan la calidad y la consistencia de la barra de jabón.
Además, un jabón artesano y orgánico conserva el glicerol  (llamado comunmente glicerina), que queda libre cuando comienza la danza de lo ácido con lo alcalino.

La glicerina que produce esa reacción es la principal razón por la que un jabón auténtico jamás dejará tu piel tensa y reseca, pues la glicerina es un humectante súper eficaz.

Una combinación bien diseñada y una preparación cuidadosa da como resultado  la sal limpiadora más suave para tu piel.

II.- Lo hecho a mano no siempre está hecho a mano.

Actualmente existen tres formas básicas de hacer jabones de forma artesanal.
La más común y accesible para la mayoría de las personas interesadas en crear sus propios jabones e incluso comercializarlos, es el método llamado "melt and pour", o "fundir y verter", y se prepara a partir de grandes barras solidas de jabón ya elaborado, generalmente translúcidas y básicamente de glicerina, que se funden en baño maría, y a las que se incorporan aditivos: aromas, pétalos, copos de avena, etc, y se vierten en moldes.

Son jabones instantáneos en los que el proceso de saponificación no está en nuestras manos pues ya ocurrió en las instalaciones de una saponificadora industrial.

Son barras de jabón generalmente más suaves para la piel que las barras detergentes del supermercado, sin embargo distan mucho de ser producto de la verdadera alquimia de la saponificación de las grasas naturales, y no ofrecen del todo la limpieza respetuosa de una barra de jabón artesano.

Los otros dos métodos son el proceso "caliente", que aplica temperaturas altas para acortar los tiempos y obtener barras listas para usarse inmediatamente después de que se han enfriado, y la saponificación en frío o "cold-process".

III.- La vieja alquimia de la saponificación en frío.


El proceso en frío no es precisamente "frío". Yo lo llamaría "slow-cooking" o el proceso lento, en el que durante 24 horas, la reacción describe una curva en la que incrementa su temperatura por sí misma, hasta que se enfría completamente. Y es después de eso cuando comienza el proceso de curado. Una barra de jabón hecha de esta manera debe esperar, dependiendo de la receta, entre 4 semanas y 9 meses para estar lista. Justamente como un buen queso, o como un buen vino.

Creo que es por eso que, una vez que tu piel la prueba, ya no la puede olvidar.

 

Deja tu comentario

Todos los comentarios son moderados antes de ser publicados