No es la Provenza Francesa, es La Colorada.

El 2005 fue un año difícil para el campo en el bajío guanajuatense. La extrema sequía provocó la pérdida de las cosechas de los cultivos tradicionales. Los agricultores de la comunidad La Colorada, en Dolores Hidalgo, Guanajuato, vieron su esfuerzo y su subsistencia desaparecer completamente.

En los últimos diez años caminando por México, he visto repetidas veces cómo de la necesidad nace la virtud.
Y nacen proyectos que transforman una crisis en una oportunidad. Así nació Azul Lavanda.

Gracias a la asesoría adecuada, conocieron las posibilidades de una planta hermosa y resiliente. Noble y capaz de prosperar en un ambiente de estrés hídrico, y en suelos con poca materia orgánica. Justo como los suelos agrícolas de esa región del campo mexicano.

Desde ese año, los campos áridos que rodean La Colorada, se fueron transformando en extensiones con un aroma inconfundible.

Y se fue configurando un esfuerzo que hoy está en un camino de consolidación. El Proyecto de Lavanda - The Lavender Project es una empresa modelo social que se dedica al cultivo, reproducción y comercialización de plántulas de diversas variedades de lavanda, y a la destilación de su aceite esencial, aplicando el valor agregado. Hoy cuentan ya con una línea de productos que se utilizan, como ellas dicen: "para el cuerpo, el alma y el espíritu".

Veinticuatro mujeres y cuatro hombres conforman esta Sociedad Productora, y me explican que su misión es "crear empleos, sustentar a nuestras familias y mejorar nuestra comunidad a través del desarrollo de procesos agrícolas alternativos y sustentables, y la elaboración de productos innovadores y prácticas empresariales responsables".

Tuve la oportunidad de recorrer su historia dentro de la sencilla casa que una vez fue del párroco al que recuerdan con aprecio y que ahora aloja las instalaciones de su pequeña y bien organizada empresa social.

Talleres de costura, de saponificación, almacén de jabones que ya producen por encargo de hoteles boutique en San Miguel de Allende, cocina colectiva en la que preparan desayunos y comidas para sus niñas y niños, y una pequeña biblioteca en la que hacen sus tareas, mientras sus madres cultivan, preparan y procesan los productos de lavanda, y otras especies con las que empiezan a experimentar, como el romero.

Y recorrimos sus campos de lavanda, que en octubre ya están casi en tiempo de reposo y de replante, pues la floración y la cosecha ocurren durante el verano.

A partir de hoy, la lavanda de esta marca, es lavanda mexicana. Lavandula "grosso", una híbrida, con aroma dulce a logro. Producida por mujeres, mediante prácticas agrícolas limpias, sin uso de agroquímicos, y llena de virtud. No es la Provenza francesa, ciertamente, Es La Colorada.

www.anablanco.mx

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