Tu piel ama los aceites...en verdad.

Nos han repetido una y otra vez que la grasa -los lípidos, los aceites-, son dañinos y debemos reducir en lo posible su consumo, pero cuando nos tomamos el tiempo para informarnos y reflexionar acerca de su importancia y riqueza nos damos cuenta de que son fundamentales para la salud y el funcionamiento correcto del cuerpo, y eso incluye, por supuesto a la piel.

Aunque no lo creas tu piel ama los aceites. En verdad. La capa córnea de la epidermis es “lipofílica”. Es decir, las células epidérmicas en la capa más externa son discos de keratina envueltos en una bi-capa de lípidos. La bioquímica de esos lípidos es semejante a la de los aceites que producen las plantas. No somos bioquimicamente muy distintos. Por eso los aceites de las plantas nos sientan tan bien. 

Estos aceites participan en procesos enzimáticos en la piel que favorecen una capacidad saludable de renovación (descamación, se llama) pero también y de manera muy importante, son básicos para metabolizar sustancias necesarias para su equilibrio.

Como ejemplo: la piel produce ceramidas que son un paso previo para producir colesterol, que a su vez es necesario para producir hormonas, que son, como todos sabemos, sustancias fundamentales en el funcionamiento equilibrado de nuestros órganos y sistemas. No sólo es cuestión de estética.

Los aceites de las plantas tienen un perfil de mucha afinidad con el perfil lipídico de la piel humana, esto quiere decir que pueden ser transformados por la piel para nutrirla efectivamente. Además, sus beneficios no terminan ahí: flavonoides (antioxidantes), fitosteroles (construyen paredes celulares robustas y son precursores de vitamina D), tocoferoles (como la vitamina E) y muchos otros compuestos enriquecen naturalmente a los aceites de origen vegetal.

Nuestra piel y sus microscópicos habitantes transforman los nutrientes de los aceites vegetales en energía útil, haciéndola disponible para el tejido celular. Los ácidos grasos actúan como emolientes en nuestra piel ayudando a conservar su elasticidad y su capacidad para renovarse.

El aceite mineral, la parafina líquida, los petrolatos, son moléculas demasiado simples y estériles como para aportar beneficios semejantes en el complejo mundo que existe en la preciosa superficie de tu cuerpo. Por desgracia esos son los ingredientes mayoritarios de casi todos los productos cosméticos y del cuidado de la piel. 

La importancia de incluir combinaciones sabias y variadas de aceites naturales en las formulaciones para la piel nos asegura dos cosas: el gusto de saber que le estamos ofreciendo a nuestro cuerpo un conjunto equilibrado de grasas benéficas que van a nutrir al manto ácido de tu piel y también algo bellísimo: celebrar en una cascada la asombrosa diversidad de los aceites botánicos que la naturaleza ofrece. El aceite es energía...es el poder de la semilla. Es vida.

Tu piel ama las grasas ¡¿cómo no amarlas tú?

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