A la formulación orgánica llegué desde la tierra. El camino comenzó hace algo más de veinte años, viviendo en el sureste de México. Allá aprendí a sembrar, a hacer permacultura, y en cada ciclo, a cultivarme a mí misma.
Tiempo después nacieron las primeras fórmulas, muy sencillas entonces, a partir de las primeras cosechas de plantas medicinales que había comenzado a crecer. Un regalo que recibí en mi afán de cultivar para hacer tierra.

En el 2011 mi salud me puso un par de pruebas fuertes, y gracias a ello recuperé la relación y la comunicación con mi cuerpo desde un lugar distinto, más consciente, y se abrió un camino de vida que, dos años después, me llevó a instalar mi primer taller de producción de cosmética formal e independiente.

Esto no es improvisación. Al elegir hacer este camino de formulación, parto del compromiso de respaldar lo que hago con formación continua, con conocimiento, con disciplina, con investigación y asesorías constantes. Sin copias, con transparencia y cuidando lo que hago, porque su destino es tu piel. 

Como siempre digo, creo que la calidad de un producto nos habla de la vitalidad de su proceso de creación.
Quiero conectar de la tierra a tu piel, los extractos botánicos, sus aromas, elegir los ingredientes con esmero y aprecio, y con la intención de ofrecer en cada producto un puente que comunique cuerpo, mente y corazón.

Formular con la tierra, respetando sus procesos y honrando sus ciclos, los míos, los tuyos.

Lo que ofrezco aquí es un paso honesto, respetuoso…amoroso.
¿Me acompañas?