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¿Cómo hago lo que hago?

No hablo de "cosmética lenta" o "alquimia botánica" sólo porque sí. No han sido pocas las veces que me haya encontrado con alguien que pregunte cuál es mi "crema base". En la formulación cosmética "clásica" existe un estándar que en un sentido es positivo: crea una estructura. Estamos en el terreno de la ciencia. La química es un campo de trabajo asombroso. Es entender las miles de formas en que la materia interactúa, se afecta y se transforma. Ya hay un camino andado. El estándar, y es importante conocerlo.

El problema de ese camino es que se desarrolló con su foco en la petroquímica. Y lo que tenemos es una industria gigantesca de "petrocosmética de síntesis" (así la llamo).  Ese es el referente visible. Además, con todo su aparato de marketing. Hay personas que echamos a andar un camino distinto, y al abrirlo estamos entrando a un suelo nuevo. Eso es parte de la belleza sutil del proceso al preparar cada producto.

Una fórmula natural se diseña en capas desde su "suelo", en una dirección "hacia arriba" hasta la esencia. Esta es la manera que más me llama porque es emular la forma en que una planta crece y está orgánicamente constituida.

Cuando empiezo a planear una formulación, tomo como punto de partida esa increíble sustancia que una planta produce en su metabolismo primario: los aceites, que son su reserva energética cargada de activos y elementos vitales (los aceites en una planta normalmente se encuentran en semillas y pocas veces en la pulpa de algunos frutos, como el aguacate).

Los aceites vegetales son la potencia contenida en la semilla, la energía que le va a dar a la futura planta la fuerza para nacer y hacerse realidad. ¿Cómo no sería benéfica para nosotros semejante vitalidad? La importancia de aplicar a la piel aceites de origen vegetal y no petro-químico es algo de lo que hablo en otra entrada.

 

Tenemos a mano una paleta colorida de aceites vegetales para construir "cascadas" combinando sus virtudes: hay aceites astringentes, aceites cargados de ácidos grasos esenciales -los de la familia de los omegas-; aceites de poca penetración cutánea pero con sustancias valiosas -carotenoides, flavonoides, zeaxantinas, vitaminas (tocoferoles, tocotrienoles) y trazas de minerales-.

Hay aceites de tacto ligero que favorecen la penetración de otros activos, como si fueran diminutas cápsulas de inmersión "piel adentro", otros de tacto denso, protector. Todo esto es un tesoro que hay que aprovechar.

Amaranto, almendras, nuez de macadamia, cacao, sésamo, café verde, café tostado, hemp, oliva, borraja, tuna, frambuesa, pepino, aguacate, uva, chía, coco, semilla de mango, karité, comino negro, de avellanas, chabacano, jojoba, granada, espuma de la pradera, camelia, rosa mosqueta...la lista sigue y sigue pues las posibilidades son inmensas.

El mundo de los aceites vegetales es increíblemente rico para construir una base. Además, para hacerlo aún más interesante: Hay ciertos aceites que son muy buenos "extractores" de otros activos de una planta, así que es posible enriquecer un aceite "base" macerando material vegetal durante un tiempo y aplicando calor suave e indirecto para obtener un "oleato" o extracto oleoso. Siempre me asombra la belleza de un oleato de caléndulas en base de oliva transformar su color del verde oscuro a un anaranjado brillante.

Mediante un proceso que es químico (molecular, cargas eléctricas) pero también físico (temperatura, fuerza mecánica) se emulsionan las cascadas de aceites con la fase acuosa (agua fresca, hidrolatos, infusiones) y así tenemos una hermosa "crema base" que en sí podría ser un producto terminado de efecto protector, de acción nutritiva y humectante.

Pero el proceso alquímico no termina ahí. Apenas empieza: Hay una tercera fase, o la fase que incorpora los activos de mayor potencia, y que se obtienen del metabolismo secundario de la planta. Estos van en menor cantidad en una formulación: pueden representar 1% al 10% del total de la fórmula según la sustancia en cuestión.

En general los intereses de la petro-cosmética industrial nos han acostumbrado a un manejo de información muy desviado que compensan con mercadotecnia: aún cuando el porcentaje de un activo presente en un cosmético sea tan insignificante como el 0.1% una marca puede anunciar que lo contiene como activo principal. Las regulaciones en este sentido son muy contradictorias.

Este no es el caso aquí: En esta fase se incorporan los factores de hidratación, los agentes emolientes, los estimulantes de la síntesis de colágeno, los antinflamatorios, los regenerantes, los protectores de tejidos, los astringentes, los reafirmantes. Son los llamados fitoquímicos: los taninos, algunos terpenos, los polifenoles, los antioxidantes, las saponinas, los mucílagos, cada uno por distintas rutas metabólicas va a actuar donde le corresponda... un paquete cargado de activos al centro de la fórmula.   Y una cuarta fase: la fracción aromática: los aceites esenciales naturales.

La parte más etérea de la constitución de una planta es su aroma. El perfume de una planta es un poco su voz, su lenguaje, y está transmitiendo un montón de información: está seduciendo polinizadores para asegurar su sobrevivencia, o activando procesos curativos...

Es el caso, por ejemplo, de las resinas aromáticas como el copal, el incienso o la mirra: un árbol produce resina para sí mismo como sustancia curativa ante una herida en su corteza. Es por ello que las resinas tienen esa increíble capacidad regenerante.

El ser humano ha observado estos efectos en las plantas y los ha incorporado a sus prácticas terapéuticas, rituales y de cuidado desde hace miles de años (la belleza que es sanadora y terapéutica es un antiguo camino de sabiduría sutil al que hemos convertido en algo superficial).

En el diseño de una formula natural, basada en plantas, el aroma del producto no sólo es un perfume que "huela rico"...su aroma es el aroma de su intencionalidad. Una de sus razones de ser. La ventaja de esta intención aromática es que los aceites esenciales extraídos de las plantas tienen siempre sus efectos terapéuticos, aunque haya preferencias tan diversas.

Es importante entender que los aceites esenciales son sustancias tremendamente concentradas que deben manejarse en porcentajes y diluciones cuidadosas para minimizar el riesgo de reacciones de hipersensibilidad. La conclusión es que "menos es más". Existen límites dérmicos seguros ya bastante estudiados. Esos son mis referentes.

La intención de esta cosmética lenta es nutrirse de las maravillosas propiedades de las plantas en su totalidad. Claro que hay un montón de desafíos al elegir este camino de formulación -el camino difícil, pero el más interesante-.

  • Saber comunicar efectivamente las diferencias frente a una cosmética sintética industrial, que en muchos casos está revestida de "green washing";
  • Demostrar que un producto natural NO es menos efectivo y completo que los desarrollados por los gigantes de la industria;
  • Desmitificar la idea de que formular un producto natural efectivo y completo es algo tan simple y barato que se puede montar una marca después de tomar un taller de fin de semana y bajarse tres tutoriales de youtube.
  • Aceites, extractos, emulsionantes vegetales y esencias naturales tienen por naturaleza una vida útil más corta.
  • Son productos que hay que manejar con más cuidado y conciencia que los de origen petroquímico.

Nuestros procesos son trazables, transparentes. ¡Te doy la bienvenida!

ANA